Oxford es uno de esos destinos a los que la gente va a pasar el día y punto. Es cierto que es una ciudad pequeñita, pero tiene encantos suficientes para tenerte ocupado todo un fin de semana. En un evento de empresas locales al que fui el año pasado la oficina de turismo del condado mencionaba que el principal reto al que se enfrentan es convencer a los viajeros de que un solo día no basta para descubrir la ciudad.

Bien, pues yo hoy te voy a dar dos buenos motivos para que alargues un poco tu visita a Oxford. No son ninguna de las facultades de su prestigiosa universidad, sino mis dos bares favoritos. Ambos se encuentran en Jericho, uno de los barrios con más encanto, y comparten calle (Walton Street) con la Oxford University Press.

Después de una buena sesión de cócteles tú decides si compensa coger un autobús nocturno de vuelta a Londres o seguir aquí la fiesta…

Freud

Freud, Oxford

El local llama la atención incluso antes de entrar. Se ubica en la antigua iglesia de St Paul, de estilo neogriego y construida en la primera mitad del siglo XIX. Delante del pórtico de la entrada hay varias mesas donde puedes tomar café por la tarde en verano y donde los fumadores salen a echar un pitillo. Por dentro el local también sorprende, con sus altos techos, sus paredes desconchadas, su piano y las lámparas redondas y lucecitas que cuelgan del techo.

El mobiliario es muy variopinto. Hay mesas enormes de madera, sillas propias de cafetería parisina, sillones de cuero… Todo tiene un cuidado toque de dejadez que aporta el encanto general al local.

Puedes pasarte a media tarde para tomar un café tranquilo o ir por la noche a tomar unas copas. El menú de bebidas es amplio y sirven muchos de sus cócteles en vaso de pinta. Hay actuaciones en directo con frecuencia, sobre todo de blues y jazz (en una de mis últimas visitas había música brasileña).

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Raoul’s

Raoul's, Oxford

Mientras Freud destaca claramente por sus instalaciones, Raoul’s destaca por sus cócteles, que son, sin duda alguna, los mejores de Oxford. No solo eso. The Sunday Times lo ha nombrado uno de los cincuenta mejores bares del mundo. Vamos, que tienes que ir sí o sí.

El local es muy pequeño y los fines de semana está a rebosar, así que te aconsejo que vayas temprano si quieres sentarte. Me refiero al concepto británico de «temprano» (7-8 de la tarde), no español, ¿eh?

La carta de bebidas es enorme y te llevará un buen rato elegir qué tomar, así que es buena idea empezar a hacer cola para pedir mientras decides. Al acercarte a la barra enseguida notarás el intenso olor a fruta, y es que utilizan mucha fruta natural para preparar los cócteles y también para adornarlos. Las bebidas tardan un ratito en prepararse, pero créeme, vale la pena esperar.

A mi novio (como a todo buen escocés que se precie) no se la dan con cualquier whisky de chichinabo. Lo bebe solo de malta, normalmente escocés y siempre sin hielo. La primera vez que fuimos a Raoul’s no iba muy convencido con la idea de pedir un cóctel y confiesa que Raoul’s es el único sitio que conoce donde los cócteles de whisky merecen la pena. Su favorito es el Jacobite, que lleva whisky escocés, zumo de limón natural, sirope de miel y licor de mora. Yo he probado casi todos los que llevan vodka y los recomendaría todos.

Para que te hagas una idea de todo lo rico que llevan las bebidas te cuento cuáles son los cócteles de la imagen de arriba:

Rum surprise: sandía, zumo de lima, vodka de mango y mandarina, zumo de manzana y sirope de fruta de la pasión.

Cooler shaker: vodka de frambuesa con frambuesas naturales, azúcar de vainilla, zumo natural de manzana, zumo de limón y vino blanco.

Jam jar hand shandy: whisky americano, azúcar de vainilla, zumo de limón, mermelada de fresa y gaseosa.

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¿Has estado en Freud o Raoul’s? Comparte tus impresiones en los comentarios. Si aún no has ido, ¡ya estás tardando!

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IRENE CORCHADO RESMELLA

Irene Corchado ResmellaTraductora jurada de inglés y redactora de contenido autónoma que trabaja desde Oxford como ICR Translations. Extremeña, rusófila y viajera frecuente.

 

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