Inmobiliarias inglesas o «no, si la casa ya está vendida».

Inmobiliarias inglesas o «no, si la casa ya está vendida».

Inmobiliarias inglesas o «no, si la casa ya está vendida».

Escrito por Irene Corchado

16/03/2017

Los agentes inmobiliarios dan mal rollo, aquí y en Pekín. ¿Quién puede fiarse de alguien que lleva traje y corbata y carpeta (o, peor aún, maletín)? Rezuman sospecha y es algo que no pueden evitar.

Mi experiencia como compradora de vivienda primeriza en Inglaterra ha sido buena, si bien no ha estado exenta de sorpresas y situaciones curiosas. Una de ellas fue con C, una inmobiliaria famosa por sus prácticas poco lícitas que, en palabras de otra inmobiliaria, «rozan la ilegalidad, pero nadie las denuncia porque no vale la pena». La estrategia de C es la del acoso. Te llaman a todas horas, aunque les digas que no estás interesado. Antes de mover un dedo te piden todo tipo de datos (sueldo incluido) y número de teléfono. También suelen dejar el cartel de venta en casas que vendieron hace meses y publicarlas en la web como gancho. De esa forma consiguen captar más posibles compradores a los que luego acosar por teléfono.

Tú ves lo que parece una buena casa, pides información, registran tus datos y solo después te dicen que esa casa ya no está disponible. Y no es que acaben de venderla; a lo mejor la casa se vendió hace casi un año. No tengo muy claro cómo los nuevos propietarios permiten eso, pero es una práctica muy habitual de C. Yo tenía claro que no quería comprar una casa con ellos, pero sí llegamos a ver una.

La visita no duró ni diez minutos. El agente era bastante antipático y lo primero que hizo fue meternos prisa para hacer una oferta y decirnos que el precio de la vivienda no era negociable. Era el precio de salida. Como una subasta, vamos. No intentó vendernos la casa con palabras bonitas. Prácticamente no dijo nada de la casa en realidad, aparte de informarnos de que teníamos unos cinco minutos para verla, porque había una familia ya en la puerta esperando y que, si nos gustaba, debíamos hacer una oferta lo antes posible. «Aquí tenéis ya el formulario que tenéis que rellenar». Pretendía que en cinco minutos decidiéramos si esa era la casa que íbamos a comprar. La casa en sí nos gustó, pero él no.

Otra cosa que me llamó la atención durante el proceso de búsqueda de vivienda fue el cachondeo que se traen algunas inmobiliarias con los Open Day, o Jornadas de Puertas Abiertas. Lo que me sorprendió de esto no fue el hecho en sí de ir, sino el de ir sin saberlo, porque la inmobiliaria X se lo tenía bien guardado. Nos dio mejor impresión que C al contactar con ellos y nos dijeron que podíamos ir a ver una casa ese mismo sábado. Lo que no dijeron fue que todo el barrio iría a verla también. Cuando llegamos allí había más gente que en la guerra: parejas jóvenes, no tan jóvenes y familias con niños corriendo por las habitaciones chillando y montando un guirigay de la ostia. Había tanta gente que la de la inmobiliaria no daba abasto a hablar detenidamente con todos. Lo que sí hizo fue, como el agente de C, meter prisa. Eso se les da de maravilla.

«Mirad. Esta casa se va a ir volando. La quitamos del mercado hace un par de semanas, pero al final denegaron la hipoteca a los compradores, así que la hemos puesto a la venta de nuevo, pero el precio ha subido 15 000 £. Os aconsejo que hagáis una oferta cuanto antes». Yo flipaba. ¿Que el precio ha subido 15 000 £ en cuatro semanas? ¿Y tenemos que competir con toda la peña esta que pulula por la casa? ¡Anda ya!

Pero, para experiencia curiosa, la primera visita que hicimos a una casa. El precio no estaba mal, conocíamos el barrio y en las imágenes tenía buena pinta. En las imágenes solamente, como luego descubrimos.

En cuanto llegamos nos percatamos de algunos «detalles». La casa en cuestión no era más que un añadido posterior a la casa que anteriormente hacía de esquina, y habían creado una especie de túnel entre ambas, ya que la puerta de entrada estaba en un lateral y no en la fachada. Donde debía haber un aparcamiento, había un árbol enorme con unas raíces que levantaban medio suelo. Cuando llegó el agente inmobiliario le comentamos lo del árbol y esto fue lo que nos dijo:

«Sí, es verdad. Supongo que tendréis que acceder a vuestro aparcamiento por el del vecino para salir y entrar».

Y se quedó tan ancho. El pobre no se acordaría de que eso es ilegal y de que el vecino probablemente utilizaba su aparcamiento y, por tanto, no podríamos usar el nuestro. Pero ahí no quedó la cosa. El recorrido por la casa todavía guardaba un par de sorpresas más.

La primera fue el comedor, que se encontraba en una ampliación a la cocina. Decir ampliación no es ser fiel a la realidad, porque aquello era una chapuza de aúpa. Las paredes eran de muy mala calidad y el frío se colaba por todos sitios. Cuando me di la vuelta para mirar hacia la cocina vi en una esquina la cañería del desagüe, que desaparecía misteriosamente en el suelo de tarima del comedor. Al acercarme vi una especie de trampilla en el suelo. Al abrirla descubrí que el comedor (esa «ampliación», según la inmobiliaria), no tenía ningún tipo de cimiento. Debajo del suelo había un agujero de palmo y medio y luego gravilla. ¡Gravilla y un desagüe!

Yo no cabía en mi asombro. Después de eso le preguntamos al agente si había gente interesada en hacer una oferta y, para nuestra sorpresa, nos dijo «no, si la casa ya está vendida. Hemos aceptado una oferta de X libras».

No sabíamos cómo reaccionar y nos quedamos callados. No dije nada, pero pensé dos cosas: «¿De verdad alguien ha comprado esta mierda?» y «¿Para qué nos la enseñas entonces, payaso?».

Esto de enseñar casas después de aceptar ofertas de compradores es una práctica, si bien no legal, bastante frecuente y se llama gazumping. Normalmente, cuando haces una oferta en una casa debes acordar con la inmobiliaria que tu oferta conlleve quitar la vivienda del mercado mientras tú arreglas todos los trámites. Si no lo haces, algunas inmobiliarias siguen enseñando la casa y, si alguien ofrece más dinero, se la venden a él y te dejan con un palmo de narices.

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Irene Corchado Resmella

Irene Corchado Resmella

Traductora jurada y jurídica de inglés especializada en documentos sucesorios (ICR Translations). Autónoma. Residente en el Reino Unido desde 2011. Viajera frecuente. Rusófila. I blog in English about Extremadura on Piggy Traveller.

El curioso caso de las libras escocesas y por qué no las aceptan en Inglaterra

El curioso caso de las libras escocesas y por qué no las aceptan en Inglaterra

El curioso caso de las libras escocesas y por qué no las aceptan en Inglaterra

Escrito por Irene Corchado

01/03/2017

Esto es uno que entra en una tienda en Inglaterra, intenta pagar con libras escocesas y el de la tienda le dice que ni hablar, que ese dinero no lo acepta. Y quien dice entrar en una tienda dice en un supermercado, o montarse en el autobús. La historia se repite.

Me ha pasado ya bastantes veces. Una vez fui a comprar a una tienda pequeña y solo llevaba cinco libras escocesas y la tarjeta. La dueña miró el billete y luego a mí con una mezcla de susto y recelo.

―¿Y esto son libras?

―Sí, son libras, solo que son de Escocia.

libras esterlinas de Escocia

Creo que la señora no las había visto en su vida y no paraba de tocarlas y mirarlas, no fueran falsas o algo. Las analizó al trasluz y las pasó por el detector de billetes falsos.

―¿No tienes otras?

―No. Solo tengo estas y la tarjeta.

―Pues, si no te importa, preferiría que pagases con tarjeta. No me siento cómoda aceptando este billete.

Total, que acabé pagando con tarjeta un mísero líquido limpiacristales, además de un bonito cargo de casi 60 peniques por pago con tarjeta.

Esta señora al menos fue amable y estuvo a punto de aceptarlas, pero los conductores de autobuses son otro cantar.

Otro día R, una amiga y yo nos montamos en el autobús para ir al centro. R y yo pagamos y nos sentamos, mientras la amiga compraba el billete. Acababa de llegar de Escocia y sacó un billete de cinco libras para pagar. El conductor lo miró con una cara de bastante asco y le espetó un «ese dinero aquí no lo aceptamos» en un tono bastante grosero. Al final tuvimos que ir y pagarle el billete. Me sentí mal por ella, porque se quedó callada sin saber muy bien qué responder al conductor. Si llega a decirme a mí eso en ese tono, creo me habría bajado del autobús del cabreo.

Hay dos cosas que yo no acabo de entender. Una es que, si hay varios tipos de libras circulando por el país, ¿por qué en más de cinco años en Inglaterra jamás he visto una libra escocesa en Inglaterra? Los cajeros no te las dan y las tiendas tampoco. Me resulta muy raro, porque en cualquier país de la zona euro ves dinero de un montón de sitios y quien más y quien menos gusta de coleccionar monedas de todos los países. Bueno, pues aquí no.

Otra cosa que no entiendo es por qué es tan difícil que te acepten libras escocesas en Inglaterra. La mayoría de las veces tengo que gastarlas en las máquinas automáticas de supermercados grandes, porque la gente no quiere aceptarlas.

Investigando un poco sobre el tema, he descubierto el quid de la cuestión. La historia es esta:

La moneda oficial del Reino Unido es la libra esterlina, y el Banco de Inglaterra es quien la regula. Hay tres versiones: la libra de Inglaterra y Gales, la de Escocia y la de Irlanda del Norte. Aunque en última instancia es el Banco de Inglaterra quien regula la emisión de todas ellas, hay cuatro bancos norirlandeses y tres escoceses autorizados para emitir billetes propios. En Escocia, los bancos que pueden emitir libras escocesas son Bank of Scotland plc, Clydesdale Bank plc y The Royal Bank of Scotland plc.

Hasta ahí, todo bien.

Luego resulta que, aunque existen tres tipos de libras, no todas son consideradas de curso legal (legal tender). El concepto de moneda de curso legal varía según la zona. En Inglaterra y Gales, legal tender son las monedas emitidas por la Casa Real de la Moneda (Royal Mint) y los billetes del Banco de Inglaterra.

En Escocia e Irlanda del Norte solo se consideran moneda de curso legal las monedas. Por lo tanto, los billetes, tanto emitidos por los bancos norirlandeses como por los bancos escoceses, no se consideran de curso legal en el Reino Unido. Por el mismo motivo, los billetes del Banco de Inglaterra tampoco se consideran de curso legal en Escocia ni en Irlanda del Norte.

La definición de moneda de curso legal realmente no tiene ninguna relación con el hecho de aceptar o no los billetes escoceses en Inglaterra. Esto depende exclusivamente de las partes involucradas en una transacción. Por lo tanto, en Inglaterra nadie está obligado a aceptar billetes escoceses (o norirlandeses) si no quiere.

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