Be water, my friend

Be water, my friend

Be water, my friend

Escrito por Irene Corchado

15/03/2018

Que España y el Reino Unido tengan una relación tan distinta con el agua me resulta curioso.

Aquí van algunas observaciones personales.

Baños y bañeras

Puedo contar con los dedos de las manos las veces que me he dado un baño en condiciones en mi casa de España. Nunca ha sido por falta de ganas, porque a ver qué niño conoces tú que no quiera llenar la bañera de agua y pasarse ahí metido el día entero. Qué va. Lo que pasa es que cuando llegaba el fin de semana y el grifo llevaba abierto más de veinte segundos, mi madre venía corriendo a cerrarlo:

«¡Ya está! Que el pantano está seco y el agua muy cara, hombre».

Y punto. Me bañaba en una cuarta de agua escasa, que eso no era ni bañarse ni nada. Bueno, y luego ni eso, porque quitaron la bañera y pusieron una ducha.

Aquí en tierras británicas hay gente que no se ducha. No porque sean unos cerdos, sino porque algunas personas solo se bañan. Total, agua no sobra. Aparte de eso, los británicos están obsesionados con las bañeras. De las cinco casas en las que he vivido solo una tenía ducha. Las demás todas tenían ducha sobre la bañera. Incluso han llegado a decirme que si ponía ducha en lugar de bañera en mi casa me iba a costar venderla cuando llegara el momento, porque las familias prefieren bañera.

Nadar

No tengo datos oficiales, pero me atrevo a decir que la gran mayoría de los españoles sabe nadar. Algunos bien y otros se defienden más o menos, pero, aparte de gente anciana del interior, no conozco a nadie que no sepa nadar.

Me sigue chocando muchísimo después de los años conocer a gente británica adulta que no sabe nadar. Treintañeros, incluso veinteañeros, con formación, que van de vacaciones al extranjero a lugares de playa. Y no uno ni dos. Según un estudio publicado en este artículo, en 2015 uno de cada cinco británicos adultos no sabía nadar; o lo que es lo mismo: nueve millones.

Lluvia

En más de la mitad de España llover es lo peor y lo mejor que puede pasar, todo a la vez. Lo mejor para el campo, que hace falta; lo peor para ti, porque te chafa cualquier plan. Fueron muchos los cabreos que pillé de adolescente cuando se ponía a llover un sábado antes de la hora de salir. ¿Cómo iba a salir con paraguas? Se me iba a poner el pelo bonito, después de habérmelo planchado y todo… Al final, o me quedaba en casa o salía cabreada. También está muy extendida la creencia de que mojarte, aunque caigan cuatro gotas, no es bueno. Cuántas veces habré oído lo de «niña, que te vas a poner mala». Y no solo eso: un compañero del colegio faltó a clase por la tarde. Al día siguiente el maestro le preguntó si se había puesto malo. «No, pero, como llovía mucho, mi madre me dijo que me quedara en casa».

Aquí poca gente lleva paraguas. Tampoco sirven de mucho en la mitad norte de la isla, con esas ventoleras que hay. Cuando llueve, te pones la capucha de la sudadera para que no te resbale el agua por la cara y ya está. Es agua, no lava. Con el tiempo aprendes a no cabrearte porque llueva con frecuencia (qué remedio) y a adaptarte. No, no te pones malo por correr lloviendo.

Bebidas

No sé a ti, pero a mí me gusta el té cargadito, que el café sepa a café y que los zumos sepan a fruta. Las bebidas con sustancia y sabor. Por eso no puedo con la manía que tienen aquí de aguachinar todo.

No puedo con ese té verde que de verde no tiene nada, ni con esos «zumos» concentrados que llaman juice drinks porque el porcentaje de zumo que llevan es de cero coma no sé cuántos ceros y un mísero uno al final… No puedo con la gente que compra el zumo de naranja decente de Tropicana o de Innocent y lo rebaja con agua porque «sabe mucho».

Y no puedo con ese café aguado, por Dios. Ya sabes cuál. El preparado en cafetière con una cucharadita de café disuelta en un litro de agua. El transparentoso, el que no parece, ni huele, ni sabe a café. El que no te despierta por la mañana ni estimula el esfínter. El que te sirven en los B&B, en los pubs y en casa de la gente. Ese.

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Irene Corchado Resmella

Irene Corchado Resmella

Traductora jurada y jurídica de inglés especializada en documentos sucesorios (ICR Translations). Autónoma. Residente en el Reino Unido desde 2011. Viajera frecuente. Rusófila. I blog in English about Extremadura on Piggy Traveller.

Cosas que encuentras buscando casa en Londres

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Escrito por Irene Corchado

12/03/2018

Dicen que por soñar que no quede y R y yo soñamos muy a menudo con diferentes formas de invertir la millonada que un día nos tocará en Euromillones.

Hace poco comentábamos lo que molaría tener un pisito en Londres, aunque sabemos más o menos cómo está el patio inmobiliario en la capital. Por pura curiosidad empezamos a mirar en Zoopla a ver qué encontrábamos.

Los parámetros de búsqueda fueron los siguientes: viviendas en Londres de cualquier tipo y precio excluyendo las que ya han acordado la venta, las viviendas para jubilados, las de las subastas y las de propiedad compartida.

Poniéndonos en el papel de recientes millonarios filtramos los resultados por precio de mayor a menor. Quitando un par de propiedades sin precio establecido, lo más caro que aparece es un bloque de 50 pisos en Belgravia por 75 000 000 £. La vivienda individual más cara es esta casa en Kensington, que venden por 29 950 000 £. Según la calculadora de hipotecas que aparece, con una entradita del 10 % y una hipoteca a 25 años, solo tendríamos que pagar una letra de 107 802 £.

Casa-en-Kensington-Zoopla

Créditos: Zoopla

Como lo de ganar el Euromillones puede tardar un poquito, filtramos de nuevo los resultados por precio, pero esta vez de menor a mayor, y encontramos cosas bastante curiosas.

La vivienda más barata que aparece con precio establecido es un barco construido en 1962 atracado en Hackney que venden por 29 995 £. No es una casa, pero, oye, si te salen mal las cosas te vas zarpando rumbo a nuevos puertos.

Créditos: Zoopla

Lo siguiente más barato sin ser un barco (ni local comercial, ni garaje) es un «estudio» construido en un contenedor de carga, que anuncian como perfecta primera vivienda y que venden por 50 000 £.

Créditos: Zoopla

La primera vivienda vivienda que aparece es un pisito muy apañado de una habitación que cuesta 60 000 £, pero hay una pega, y es que está en Turquía, aunque en el anuncio han colocado un código postal londinense que lo sitúa en la zona de Wembley. Muy astuto.

Según van subiendo los precios, mejor pinta tienen los barcos, pero nosotros buscamos un pisito en Londres y solo lo encontramos por 100 000 £. Tiene pegas, claro. Una de ellas es que está en Erith, que lo he tenido que buscar en el mapa, porque ni me sonaba. Un sitio MUY al este de Londres. La segunda pega es que no puedes vivir en el piso, porque lo venden solo a inversores.

Por fin encontramos la primera vivienda en la que puedes vivir y está en Londres. Es un estudio creado en la planta baja de una casa, de 29 fantásticos metros cuadrados, ubicada en Belvedere, técnicamente en el área de Greater London, pero a tomar por saco, básicamente. ¿El precio? 139 950 £.

casa-belvedere

Ahora ya sabemos el mínimo que uno pagaría por vivir en un sitio minúsculo y cutre en el culo de Greater London.

Otras cosas curiosas que hemos aprendido durante la búsqueda:

  • Muchas de las viviendas aparentemente «asequibles» (digamos menos de 350 000 £) tienen trampa: se les acaba la lease en pocos años y el comprador se va a chupar los gastos de renovación, que no son pocos.
  • Puedes comprar habitaciones de hotel como inversión. Por ejemplo, te puedes gastar 140 000 £ en esta habitación de hotel, que genera el 7 % neto en ingresos por alquiler.
  • Por el mismo precio que la habitación de hotel (140 000 £) te puedes comprar una cochera en Knightsbridge. Location, location! Si consigues alquilarla es un triunfazo, aunque el alquiler no te va a dar luego para alquilar nada para vivir en Londres…
  • Por 150 000 £ puedes comprar un barco de dos habitaciones con mejor pinta que el pisito de Belvedere, «convenientemente» atracado junto a la M25.
  • Por menos de 260 000 £ prácticamente solo encuentras estudios o minipisos de una habitación en zonas como Belvedere, Tottenham o Croydon.

Me da a mí que lo de invertir en el mercado inmobiliario londinense va a tardar. Seguiré echando el Euromillones.

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Irene Corchado Resmella

Irene Corchado Resmella

Traductora jurada y jurídica de inglés especializada en documentos sucesorios (ICR Translations). Autónoma. Residente en el Reino Unido desde 2011. Viajera frecuente. Rusófila. I blog in English about Extremadura on Piggy Traveller.

Los británicos y el tiempo

Los británicos y el tiempo

Los británicos y el tiempo

Escrito por Irene Corchado

09/03/2018

Todos los años igual. Llega el invierno, nieva un par de días y el país entero se colapsa. Cierran carreteras, cancelan trenes y autobuses, retrasan vuelos. Y llegan los titulares alarmistas, entre cuyos términos y expresiones habituales se encuentran Big Freeze, havoc, chaos, travel disruption o schools closed. A los periodistas británicos también les gusta hacer hincapié en que va a hacer más frío en Londres que en lugares como Islandia o Suecia, aunque sea cierto solo durante dos segundos.

Parece que la nieve llega de pronto, sin avisar, y a todo el mundo le coge desprevenido, lo que es muy gracioso, teniendo en cuenta que el tiempo en este país es el protagonista de la mitad de las conversaciones diarias y que todo el mundo tiene la aplicación de BBC Weather en el móvil. Me atrevería a decir que hay más gente sin Whatsapp que sin BBC Weather.

Aun así, la gente se sorprende de que hoy haya nieve, aunque ayer ya lo anunciaran en los medios. Nadie lleva cadenas en el maletero por si acaso y se monta un follón en las carreteras que es digno de ver. Todos se quejan mucho durante un día o dos y luego se les pasa. El estado quejumbroso tarda en desaparecer lo mismo que la nieve, así que, durante el resto del invierno se olvidan de aquella nieve que cayó en diciembre o enero.

Después en verano sucede lo mismo, solo que con el calor, para lo que tampoco parecen estar preparados. Cuando llega una ola de «calor» a Londres (cualquier temperatura por encima de los 20 grados ya se considera calor) los británicos se revolucionan y no paran de quejarse a diestro y siniestro en alto, llamando la atención y resoplando muy fuerte mientras esperan el metro e incluso estableciendo contacto visual con otros compañeros de trayecto al trabajo con cara de estar a punto de sufrir un soponcio, como pidiéndoles que les den la razón con un gesto.

Y enseguida llegan los titulares: «Hoy Londres sufrirá unas temperaturas propias del desierto» u «Hoy hará más calor que en Mallorca». Lo que no dicen las noticias es que sí, hará más calor hoy en Londres que en Mallorca, pero será solo un día en el que, casualmente, hay una borrasca en Mallorca que ha hecho que las temperaturas hayan bajado 10 grados de golpe. Mañana Mallorca volverá a sus 33 grados y Londres a 17, pero eso les da igual. Hoy pueden quejarse a gusto.

Un día por encima de los 20 grados no es que sea caluroso para esta gente, es que es abrasador, un auténtico scorcher que no hay quien lo aguante. Por aguantarlo no lo aguantan ni los trenes. He visto cancelar trenes porque las vías no soportan el calor (24 grados fuera). El Reino Unido tiene los trenes más caros de Europa, que no pueden circular con normalidad a temperaturas tan moderadas como esas. De eso es de lo que deberían quejarse: del pastizal que cuestan los billetes.

Llega el invierno siguiente y tú piensas que, bueno, a estas alturas ya han tenido tiempo de poner en marcha medidas para lidiar con los cuatro días de nieve que llegarán sí o sí, pero ¡qué va! La misma historia: un par de días de nieve (anunciados con antelación en los medios) y el país sumido de nuevo en un caos total. Con lo organizados que son para muchas cosas y lo desastres que son para otras. Después de seis años aquí no he visto cambio alguno y sigo sin explicármelo.

Parece que les gusta tener motivo para quejarse del tiempo.

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