Diario de Siberia VIII: Irkutsk y el lago Baikal

Diario de Siberia VIII: Irkutsk y el lago Baikal

Diario de Siberia VIII: Irkutsk y el lago Baikal

Escrito por Irene Corchado

25/10/2017

Día 1

Llegamos a Irkutsk casi a las cuatro de la tarde. Cuando el tren se va acercando a la ciudad veo un puente grande sobre el río Angara y enormes bloques de pisos. En la estación se bajan muchos soldados y hay reencuentros familiares con abrazos, besos, flores y sonrisas con dientes de oro. Nada más bajarnos del tren sentimos una bofetada de calor repentina.

Irkutsk es, sin duda, el sitio más turístico de todos los que hemos visitado en Siberia. Hay bastantes turistas occidentales y los carteles están en ruso y en inglés. Nos subimos al tranvía y nos damos cuenta de que esta es una ciudad ciudad, con muchos semáforos y pasos de cebra, aceras con pocos agujeros, menos edificios ruinosos y gente mejor vestida en general.

El alojamiento está bien, pero resulta un poco decepcionante. Pensaba que la familia vivía allí y alquilaba una habitación o dos, pero resulta que vive en el piso de al lado y alquilan este entero tipo hostel, por lo que el contacto con ellos es mínimo. En total somos siete huéspedes y solo hay un baño, por lo que las colas son constantes. Además, a veces hay dos chicas juntas en el baño con la puerta abierta y alguien pone todo perdido de agua cada vez que entra.

La calle de Karl Max es una de las principales y más comerciales. Seguimos una ruta a pie marcada en el suelo con una línea verde y vemos el circo por fuera y varios edificios históricos. Luego caminamos hasta el arco junto al río (Moskovskie Vorota) y damos un paseo por la orilla. Me llaman la atención unos paneles grandes con fotos de niños y me acerco a leer:

 

«En Irkutsk, siete niños se quedan huérfanos cada mes».
«En Irkutsk, los orfanatos y los centros de acogida reciben todos los meses a 40 niños nuevos».

 

Esta es la otra cara de Irkutsk, la que pasa desapercibida para los viajeros que no manejan el idioma, ya que la información está solamente en ruso. Los paneles chocan con la imagen de niños felices que, a pocos metros, van montados en cochecitos eléctricos, una atracción habitual en las plazas y los paseos fluviales de otros lugares como Jabárovsk. Los números, aunque puedan no parecer grandes, sorprenden si se tiene en cuenta que son solo de Irkutsk, una ciudad con una población inferior a la de Zaragoza.

Después cruzamos el parque de Kirov y cenamos en un falso italiano. La camarera no nos sienta en el restaurante, sino en el bar, donde hay dos holandesas bebiendo cerveza y hablando demasiado alto. El dueño es un tío raro que hace comentarios poco acertados sobre los vegetarianos y no quiere que pida la pizza de verduras. Dice cosas como «Solo tengo eso en el menú para los ingleses» o «Las verduras vienen de Asia y no saben a nada. Son como de plástico» y otras lindezas. Estoy por decirle que la carne por estas tierras no es que sea buena precisamente, pero estoy cansada y quiero comer. Le dijo que quiero verduras, aunque sean de plástico, y que me traiga la pizza que pido.

Día 2

Nos levantamos temprano y vamos al mercado central a coger el minibús que nos llevará a Listvyanka y el lago Baikal. Mientras esperamos a que se llene el minibús llega una chica que está comiendo un helado de cucurucho enorme. No son ni las nueve de la mañana. El trayecto dura una hora y no es demasiado agradable (te cuento la historia completa en este artículo).

Como ya habíamos imaginado, el pueblo de Listvyanka es muy turístico, ya que es el punto del lago Baikal más cercano a Irkutsk. Es una especie de paseo marítimo chabacano para turistas, una sucesión de hoteles, puestos de recuerdos, puestos de pescado ahumado y cafeterías cutres. En un principio la idea era ir a algún lugar más alejado, pero no teníamos tiempo suficiente. Hace un frío que pela y venimos los dos en manga corta muy chulos. Sopla un viento fuerte del lago que pone la piel de gallina. Se oye el chunda-chunda de algunos puestos y un hombre anuncia paseos en barco con un megáfono. Decidimos andar hasta el final del paseo y luego subir por un camino para ver las vistas. Según el mapa que llevamos, hay una plataforma de observación en un cerro, pero parece demasiado lejos y decidimos dar la vuelta tras llegar a lo que parece un recinto de investigación donde solo salen dos perros a saludarnos.

A la vuelta, los vendedores de pescado ahumado nos llaman para que nos acerquemos. Son las once de la mañana y lo que menos me apetece es comer pescado ahumado. El olor de las brasas lo inunda todo y es fuerte y característico. Huele a madera y a ramas frescas. De abedul, creo.

Acabamos comiendo en un bar donde antes hemos tomado café. En la terraza hay un hombre con un ordenador, cascos y micrófono que lleva un buen rato hablando y no pide nada. Otra vez sirven la comida de R antes que la mía. Esta costumbre que tienen de no servir al mismo tiempo me pone de los nervios.

Cuando volvemos a Irkutsk nos dedicamos a pasar la tarde paseando en busca de las bonitas casas de madera tan características de esta zona, muchas de ellas ubicadas en las calles Gryaznova, Babushkina y alrededores. Luego bajamos la calle de Lenin entera hasta la estatua del zar Alejandro III. En el río hay gente bañándose, tomando el sol y comiendo.

Terminamos el día en el 130 квартал, un sitio curioso. Lo construyeron hace unos diez años con motivo del aniversario de la ciudad. Hay réplicas de las casas de madera típicas y la mayoría son restaurantes. Hay de todo: una cafetería de buuzi, bares raros, un pub «irlandés» y restaurantes variados (un asador, un georgiano, un chino-japonés) y un castillo flotante. Da la sensación de estar en una especie de parque temático. Se ve que aquí es donde viene la gente después de trabajar, porque está lleno los dos días que vamos (miércoles y jueves). Primero tomamos algo en Жагули y vemos llegar a una pareja muy joven. Él le ha comprado a ella una rosa y le pide a la camarera que traiga un jarrón con agua para poner la flor mientras cenan, no vaya a ser que se seque en una hora y a ver qué hacemos luego. Menudo drama.

Ya en casa, hacemos las maletas y nos vamos a dormir tempranísimo, porque el dueño del piso va a llevarnos al aeropuerto a las tres de la mañana. ¡Moscú nos espera!

Mapa de Irkutsk
Alojamiento en Irkutsk

Dónde nos alojamos nosotros: Homestay in Irkutsk*
Dirección: Pionerskiy pereulok 3-22
Puntuación en Booking.com: 9,3/10
Ver más alojamiento en Irkutsk*

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30 cosas curiosas vistas en Rusia

30 cosas curiosas vistas en Rusia

Nuestra aventura por Siberia y Moscú del pasado verano nos dejó muchos recuerdos y anécdotas curiosas. En este artículo recopilo 30 cosas que, por alguna razón, nos llamaron la atención.   1. Una barra de salami en la cinta transportadora, con su etiqueta...

Irene Corchado Resmella

Irene Corchado Resmella

Traductora jurada y jurídica de inglés especializada en documentos sucesorios (ICR Translations). Autónoma. Residente en el Reino Unido desde 2011. Viajera frecuente. Rusófila. I blog in English about Extremadura on Piggy Traveller.

30 cosas curiosas vistas en Rusia

30 cosas curiosas vistas en Rusia

30 cosas curiosas vistas en Rusia

Escrito por Irene Corchado

10/10/2017

Nuestra aventura por Siberia y Moscú del pasado verano nos dejó muchos recuerdos y anécdotas curiosas. En este artículo recopilo 30 cosas que, por alguna razón, nos llamaron la atención.

 

1. Una barra de salami en la cinta transportadora, con su etiqueta identificadora y todo.

2. Un niño pagando con tarjeta. En la cafetería de la estación de trenes de Jabárovsk había una madre y su hijo, que no tendría ni ocho años, sentados al lado de nuestra mesa. La mujer llevaba comida solo para ella y se puso a comer. De pronto, sacó su tarjeta bancaria y se la dio al niño diciéndole «ve a comprarte tú algo».

3. Casas construidas sobre pilares. Debido al permafrost, en Yakutia construyen los edificios sobre pilares de hormigón, dejando un hueco de más de un metro entre el suelo y el primer piso.

 

4. Dos hombres dejando tirado a un borracho en unos setos. En nuestro primer paseo por el recinto donde se celebraba el festival Ysyakh vimos a dos hombres llevar a un borracho en brazos, tirarlo al suelo, arrastrarlo por los brazos hasta unos arbustos y dejarlo allí tirado a la sombra solo a que se le pasara la castaña.

5. Un hombre haciéndose pasar por vendedor en una tienda. Al entrar en un supermercado en Yakutsk vi a un hombre dormido sobre el congelador de los helados. Le llamé la atención y se despertó todo asustado, preguntándome que qué quería. Le pedí galletas, me las dio, pero luego le pedí leche y me dijo «para eso tienes que esperarte a que vuelva la chica. Yo no trabajo aquí».

6. Coches calcinados en los jardines. En varios trayectos del transiberiano vi un montón de vehículos calcinados en los jardines y patios traseros de las casas. Me he quedado con las ganas de saber por qué los tienen ahí.

7. Un hombre bañándose por la noche en un río a oscuras a las afueras de Chitá.

8. Chicos demasiado jóvenes para llevar dientes de oro. En el trayecto a Irkutsk iban prácticamente solo jovencísimos soldados, muchos de ellos con al menos un par de dientes de oro.

9. Gente fumando junto a depósitos de líquidos inflamables en las estaciones de tren. Todo un clásico. Si hay algún cartel que prohíba hacer algo, no dudes de que verás a gente haciendo precisamente lo que se prohíbe hacer, allí donde está prohibido.

 

 

10. Comer helado de postre a las cuatro de la mañana. Esto no solo lo vi, sino que yo también lo hice, ya que nos sirvieron helado como postre después del desayuno en un vuelo nocturno.

11. Un «taxi» con el maletero lleno de herramientas. Entrecomillo «taxi» porque era, básicamente, un coche particular sin ningún tipo de identificación como taxi.

12. La palabra «Victoria» escrita con enormes letras blancas en una colina cerca de Chitá.

13. Gente envolviendo maletas con plástico transparente de cocina. Los rusos están obsesionados con envolver las maletas en los aeropuertos y se presentan allí cargados con rollos de plástico transparente de casa y se ponen al lío.

14. Muchos niños con sandalias y calcetines largos. Yo pensaba que el récord de gente con sandalias y calcetines lo tenía el Reino Unido o Alemania, pero no, lo tiene Rusia. A excepción de Moscú, en todos los lugares que visitamos vimos a niños con sandalias y calcetines, algunos incluso con calcetines largos.

15. Un reloj de pared que imita al Big Ben. Llegar a nuestro piso en la remota Yakutsk y ver un reloj del Big Ben en la habitación nos dejó un poco descolocados.

16. Un cartel de una escuela de danzas irlandesas que se llama Inverness. Destila profesionalidad y conocimientos geográficos a raudales.

17. Un glaciar aún congelado a finales de junio. Caminar por encima de la superficie helada del glaciar Buluus en Yakutia a más de treinta grados y en manga corta ha sido una de las experiencias de viaje más curiosas que he tenido hasta ahora.

 

18. Un hotel bajo las gradas de un antiguo estadio de fútbol. El hotel en el que nos alojamos en Jabárovsk fue el más original y curioso de todos. Se ubica en un parque prácticamente vacío con una noria que da bastante yuyu. El techo de las habitaciones era escalonado, ya que las gradas del estadio estaban justo encima.

19. Coches chocantes flotantes.

20. Calzoncillos para hombres gordos. En el escaparate de una tienda de ropa interior en Ulán-Udé había calzoncillos para gordos. La caja lleva el siguiente mensaje: «Fat men’s underwear», acompañado de la foto de un hombre gordo con sombrero que pretendía ser italiano.

21. Gente cruzando las vías con bolsas de la compra sin prisa ninguna.

22. Gente en el medio de la nada que no se sabía muy bien de dónde venía o a dónde iba, porque no se veía ningún pueblo cerca, ni estación ni nada.

23. Una cabra suelta al lado del edificio de la empresa de trenes.

24. Una jaula de plástico con caracoles en el baño de nuestro alojamiento en Irkutsk. No sé para qué. No quise preguntar, ni quiero saber qué hacen con ellos.

25. Gente bañándose en el río Amur, en una zona donde está prohibido bañarse.

 

 

“Un cartelón enorme anuncia que está prohibido bañarse en 400 metros, pero la gente se baña en cualquier sitio, donde está prohibido también. La imagen de la gente metida en el agua con chimeneas industriales al fondo me parece curiosa, irónica y muy rusa, tanto como que frente a la zona donde se prohíba el baño haya un modernísimo puesto de vigilancia con oficinita e incluso rampa de acceso y un apuesto socorrista acodado en la barandilla de la entrada”. Descubre Jabárovsk en el último capítulo de la serie “Diario de Siberia”, ya en el blog: piggytraveller.com/es/ #Хабаровск #Амур #Khabarovsk #Jabárovsk #Amur #Siberia #river #playaurbana #citybeach #instarussia #backpacking #summer #crazyplaces #instaplaces #verano #rusos #viajeros #transiberiano Una publicación compartida de Irene – Piggy Traveller (@piggytraveller) el

 


26. Un coche pitando a un discapacitado en un paso de peatones de Irkutsk. Según nuestra experiencia en general, puedo decir que muchos conductores rusos no respetan a los peatones, por desgracia.

27. Una camarera llevando un jarrón a una mesa. En la terraza de un restaurante de Irkutsk había una pareja joven sentada junto a nosotros con toda la pinta de estar en una primera o segunda cita. Él le había comprado flores a ella y le pidió a la camarera que llevara un jarrón con agua, no se fueran a estropear o algo en la hora y media que estuvieron allí.

28. Vendedores extranjeros con altavoces al cuello. En los alrededores de la estación de Belorusskaya de Moscú vimos a chicos jóvenes de Asia Central portando altavoces al cuello por el que sonaban mensajes pregrabados en ruso tipo «barato, barato».

29. Establecimientos con demasiados empleados. En muchas de las tiendas y cafeterías a las que fuimos me di cuenta de que había demasiados empleados para el número de clientes. Fuimos a locales de distinto tipo y a horas muy diversas, pero casi siempre la mitad de los empleados estaban ociosos sin hacer nada en un rincón, o incluso sentados en una de las mesas charlando.

30. Parejas de recién casados haciéndose fotos en el centro comercial GUM. Es un sitio espectacular, pero no le encuentro yo el toque romántico o personal a un centro comercial gigantesco en plena plaza Roja y lleno de gente hasta los topes.

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Irene Corchado Resmella

Irene Corchado Resmella

Traductora jurada y jurídica de inglés especializada en documentos sucesorios (ICR Translations). Autónoma. Residente en el Reino Unido desde 2011. Viajera frecuente. Rusófila. I blog in English about Extremadura on Piggy Traveller.

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